Oración de Cuaresma 2026: Sanación, compromiso y el Camino hacia lo Posible

El pasado jueves 26 de febrero, con una nutrida asistencia, la Capilla de la Providencia en Santander se transformó en un espacio de silencio compartido y renovación profunda. Bajo el interrogante transformador «¿Será posible lo imposible?», los Grupos del Centro Loyola y las Obras de la Compañía de Jesús en Cantabria se congregaron para transitar un itinerario espiritual que comenzó en la quietud de la respiración consciente. Entre los muros de la capilla, el murmullo rítmico de «si quieres… puedes sanarme» marcó el inicio de una jornada diseñada para confrontar nuestras parálisis y descubrir, en la fragilidad compartida, que algo nuevo está brotando. Fue un proceso simbólico que llevó a los asistentes desde el nudo de la herida personal hasta el fuego del compromiso comunitario.

La oración encontró su centro en la piscina de Betesda, un escenario bíblico que el Evangelio de Juan describe con cinco soportales repletos de «ciegos, cojos y paralíticos». Esta imagen no es solo un vestigio del pasado, sino un espejo de nuestras propias «parálisis» modernas: esas heridas que no cierran, la soledad tras el «duro bregar» y las decepciones que nos dejan estancados a la orilla de la vida.

El diálogo entre Jesús y el hombre que llevaba treinta y ocho años postrado es una interpelación directa a nuestra voluntad: «¿Quieres quedar sano?». El relato subraya una verdad incómoda pero liberadora: la sanación comienza con la humildad de reconocer que no podemos solos. La respuesta de Cristo rompe toda inercia y nos devuelve la dignidad de la marcha: «Levántate, toma tu camilla y echa a andar»

En la tradición ignaciana, lo tangible es el puente hacia lo trascendente. Cada asistente recibió una cuerda anudada, un elemento cotidiano que pronto se convirtió en un mapa de la propia historia. El proceso simbólico de la cuerda se articuló en tres momentos:

–          El Nudo como mapa de nuestra fragilidad

–          Deshacer el Nudo como grito de la libertad

–          Deshilachar la Cuerda como puente de la compasión. Deshilachar la cuerda simboliza que la sanación personal es vana si no se convierte en entrega y servicio a quienes necesitan ayuda para liberarse de sus propias parálisis.

El clima de la oración alcanzó su cénit con las palabras de San Alberto Hurtado: convertirnos en «portadores de un fuego que ha de encender otros fuegos».

Como cierre del camino, la mirada se dirigió a María bajo la advocación de la Desatadora de Nudos. Esta devoción, profundamente querida y promovida por el Papa Francisco, presenta a la Virgen en un cuadro donde los ángeles le entregan cuerdas anudadas para que ella, con paciencia maternal, las devuelva lisas y libres de obstáculos.

La entrega final de las cuerdas ya desatadas en el altar de la Capilla de la Providencia simbolizó el depósito de nuestra confianza en ella, la «vía segura para una vida plena». Con el rezo del Ave María, la comunidad selló su propósito de vivir una Cuaresma sin miedos.

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